20 abr. 2017

Querétaro, Londres, Cáceres

Mi hermano y yo nacimos en Querétaro (Mexico). Él es dos años mayor; yo nací en 1980.
Nuestro padre, economista, se trasladó en 1992 a Londres por motivos de trabajo, donde seguimos viviendo en la actualidad.
Mi hermano Roberto, que siguió los pasos profesionales de nuestro padre, se casó hace 10 años con Elif, una destacada socióloga Turca con la que tienen un hijo, Daniel, que actualmente cuenta 9 años de edad.
En una típica tarde de lluvia londinense, leyendo unos escritos que me pasó mi padre para ver si se los podía editar como libro, para luego regalarlo a la familia, leo que nuestros abuelos eran de la Sierra de Tormantos.
Mi reacción inmediata es buscar en Internet donde está esta sierra que no conozco de nada. Pongo en el buscador "Sierra de Tormantos", y descubro que está en la parte Este de la Sierra de Gredos al norte de la provincia de Cáceres, en España.
No conozco la región y le sugiero a mi hermano que vayamos a conocer el lugar, en unas vacaciones en familia, aprovechando los días de libres escolares que tiene su hijo Daniel, en abril.
Afortunadamente mi hermano, su mujer y yo podemos disponer de los días en nuestros trabajos, por lo que, con lo nervios invadiendo nuetsro interior, sacamos los billetes en avión a Madrid y de ahí en coche de alquiler vamos hasta una casa rural situada en plena sierra de Tormantos.
Queremos aprovechar los días y por ello contactamos con una empresa especialista en paseos guiados, explicándole nuestra inquietud de conocer la zona de la forma más amplia posible y entretenida.
Conyegar, que es la empresa con la que hemos contactado, organiza dos jornadas en las que incluye paseo en bici (incluso con una eléctrica para los menos entrenados), una ruta de senderismo y otra de 4x4. En las actividades conocemos la base de la economía agrícola y ganadera de la comarca, un poco de su evolución histórica y algunas costumbres muy singulares, que nos sorprenden.
Hemos disfrutado de estas experiencias en Extremadura, paseando por bosques de robles con mantos de helechos, hemos conocido castaños centenarios y recorrido senderos con el 4x4 descubriendo la ruta del puente olvidado. A todo esto hay que añadir una experiencia muy simpática comiendo al aire libre (pero cómodos), unos guisos de carrilleras y migas extremeñas, además de visitar un chozo donde vivían los cabreros hasta hace bien poco.
Me encuentro en la ventana de mi apartamento de St Mark´s, con el Kensington Memorial Park enfrente. No recuerdo que habláramos algo especial en el viaje de vuelta. Los silencios fueron los protagonistas. Creo que todos tenemos nostalgia por volver.
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Adriana, abril de 2017



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